PRÓXIMA REUNIÓN: Sábado 11 de septiembre - 17.00 hs
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11.4.10

Reunión Sábado 10.04

"Jesús, que había resucitado a la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, aquella de quien había echado siete demonios. Ella fue a contarlo a los que siempre lo habían acompañado, que estaban afligidos y lloraban. Cuando la oyeron decir que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron. Después, se mostró con otro aspecto a dos de ellos, que iban caminando hacia un poblado. Y ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero tampoco les creyeron..."

Cuántas veces no creemos en este Jesús resucitado, con nuestras acciones, nuestras palabras, no lo mostramos... Hacemos como si no existiera, viviendo como ciegos, con los ojos vendados; en nuestras familias, discutimos y nos enojamos tal vez por nada, la paciencia se nos va en un segundo; con nuestros amigos, donde nos dejamos llevar por lo que hacen los demás y caemos de nuevo en la trampa del alcohol...
Y a pesar de saber, en el fondo de nuestros corazones, que Jesús está con nosotros, nos vendamos los ojos, y no lo vemos, nos olvidamos.



"... En seguida, se apareció a los Once, mientras estaban comiendo, y les reprochó su incredulidad y su obstinación porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado. Entonces les dijo: "Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación. "

Se nos encomendó la misión más importante, no podemos quedarnos callados, y ahi donde nos cuesta más, debemos mostrar a este Jesús que murió y resucitó por nosotros. Creer. Siempre creer porque aunque no lo veamos Él está en cada segundo de nuestro vivir.
A quitarse la venda de los ojos, empezar a mirar a todos como Él nos mira, con amor.

9.3.10

El amor es el idioma que entienden todos los hombres - Misión Colonia Alicia 2010

Dicen que viajar abre la mente...

El dilema es que muchas veces la llenamos con cosas negativas, creemos que nadie hace nada para cambiar las cosas y enseguida descartamos el hecho de hacerlo nosotros mismos. ¿Para qué, si yo solo no puedo? Que importante sería que todos asimiláramos que en este camino no estamos solos, que hay tantas o más cosas positivas que negativas, que sólo depende de nosotros descubrirlas y, aún más importante, compartirlas con los demás.

Una vez leí que el bien es mayoría pero no se nota porque es silencioso, que una bomba hace más ruido que una caricia, pero que por cada bomba que destruye, hay millones de caricias que alimentan la vida. Qué importante sería dejar a un lado las cosas negativas, pensar un poco en esto último, y compartirlo con otros que quizá jamás se lo hayan planteado.

"Preciosa es la vida entregada por la misión", ¿Y qué es la misión? Es justamente eso, es encuentro. Misión es partir, salir de sí... cruzar fronteras. Misión es sobre todo abrirse a los otros, descubrirlos, encontrarlos y amarlos. Es compartir con otros eso que sentimos bien adentro, eso que late en nuestros corazones, y que late tan fuerte que sentimos la necesidad de transmitirlo, de gritarlo.

El 2010 arrancó de una manera muy importante para este grupo. El 1 de enero brindamos con nuestras familias, deseando tener un buen año, y sólo un par de horas después partimos en busca de que otras personas pudieran tener la misma fe que nosotros. Tratamos de dar todo lo que teníamos y más, ese era el objetivo. Sin embargo, aunque ya es algo que está previsto en este tipo de viajes, terminamos recibiendo muchísimo más.

Colonia Alicia es un lugar hermoso. A medida que pasaron los días fuimos conociéndolo todo: vimos más verde en un mismo lugar del que vimos en toda nuestra vida, respiramos el aire más puro que respiramos en años, contemplamos atardeceres inigualables y pudimos ver por fin lo que es un verdadero cielo estrellado. Sin embargo, no tardamos mucho en notar que para apreciar el mayor tesoro de ese lugar, no teníamos que hacer más que bajar la vista unos cuantos centímetros del cielo y fijarla en los ojos de cada una de las personas que conocimos en esos diez días, empapados de una pureza única. Sólo con verlos cualquiera notaría lo fácil y hermoso que se le hace a uno compartir sus días con ellos, siempre dispuestos a abrirnos las puertas de su casa y a escucharnos sin siquiera saber quiénes éramos ni porqué estábamos ahí.

Pertenecíamos a lugares muy distintos, con vivencias, costumbres y, en algunos casos, hasta creencias muy diferentes. Sin embargo eso no fue una barrera entre nosotros; al contrario, como grupo tratamos de ser ese 'puente' que los uniera a Dios, porque, como dijo San Arnoldo, los misioneros son mensajeros del Amor de Dios, y son quienes deben manifestar sus grandes obras y establecer el Reino del Amor Divino dondequiera que no exista todavía.

Pasaron los días y notamos como de a poco la gente se fue amoldando a nosotros y uniéndose a los encuentros y demás actividades. También tuvimos la oportunidad de participar de sus fiestas patronales en nuestro último día. Fue muy reconfortante ver trabajar a la par y con tantas ganas a personas que quizá se conocían de toda la vida y nunca habían tenido la oportunidad de compartir algo.

Nosotros emprendimos un trabajo largo, que no se puede comezar, desarrollar y concluir en diez días, pero eso lo tenemos claro, y sabemos que hay tiempo y muchas cosas por hacer. Colonia Alicia va a ser nuestro destino por dos años más, en los que trataremos de llevar a cabo la misión que se nos encomendó de la mejor manera posible.

Estamos tranquilos porque, como dijimos durante toda la misión, no es algo que depende de nosotros. Nosotros somos instrumentos, y sabemos que Dios proveerá.

Mientras tanto nos prepararemos y esperaremos con ansias el momento de volver.
Dicen que viajar abre la mente... y no se equivocan, pero no es el único cambio que genera en nuestro ser. Un viaje como éste les aseguro que, además de eso, termina por llenar hasta el último rincón del corazón.


Testimonio de Mari Simonetti.